Julio de 2019. El cielo bilbaíno, vestido con esa elegancia gris que tan bien le sienta al norte, nos dio la bienvenida para descubrir una ciudad capaz de combinar tradición y modernidad con una naturalidad asombrosa.
Nuestro recorrido comenzó junto al Puente del Arenal, uno de esos
lugares donde la ciudad parece presentarse a sí misma. A un lado aparece la ESTACIÓNDE LA CONCORDIA, una auténtica joya del modernismo vasco. Su fachada,
revestida de cerámica y hierro, destaca por los colores y los motivos
decorativos que rompen con la sobriedad habitual de muchos edificios
ferroviarios.
Hacia otro se alza el TEATRO ARRIAGA, considerado por muchos el
edificio más elegante de la villa. Inaugurado a finales del siglo XIX y
bautizado en honor al compositor bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, su
arquitectura neobarroca recuerda inevitablemente a la Ópera de París. Con sus
ornamentadas fachadas y su privilegiada ubicación junto a la ría, parece más un
palacio dedicado a las artes que un simple teatro.
Desde allí nos adentramos en el Casco Viejo por la calle Bidebarrieta.
Pronto llamó nuestra atención el magnífico edificio de la BIBLIOTECA CENTRAL.
Construido a finales del siglo XIX, destaca por su elegante estilo ecléctico y
por haber sido escenario de importantes encuentros culturales.
Las calles comienzan a estrecharse y el ambiente cambia. Aparecen pequeñas plazas, comercios tradicionales y rincones cargados de historia. Junto a la calle Lotería encontramos la FUENTE DEL PERRO, uno de esos detalles que suelen pasar desapercibidos para quien camina deprisa.
El corazón espiritual del Casco Viejo nos esperaba en la Plazuela de
Santiago. Allí se levanta la CATEDRAL DE SANTIAGO, principal templo de
Bilbao y una de las etapas históricas del Camino de Santiago del Norte. Aunque
ostenta el título de catedral desde mediados del siglo XX, sus orígenes se
remontan a varios siglos antes.
Su exterior gótico transmite solidez y elegancia. Las portadas están decoradas con delicados elementos escultóricos que invitan a detenerse y observar cada detalle. Al rodear el edificio es fácil comprender por qué ha sido durante siglos uno de los centros neurálgicos de la vida bilbaína.
| Portada de la fachada neogótica |
| Portada del Pórtico |
| Puerta del Ángel (acceso al claustro) |
Entre
los numerosos elementos históricos destaca la lápida dedicada a Francisco de Utirrubarría y Laucirica, recuerdo silencioso de personajes que contribuyeron a
escribir la historia local.
Desde la plaza parten calles cuyos nombres evocan los antiguos gremios
que dieron forma a la economía medieval de la villa. Carnicería, Tendería,
Cinturería, Sombrerería... son mucho más que nombres pintorescos. Son la huella
de una ciudad organizada en torno a los oficios, cuando cada calle concentraba
una actividad concreta y el sonido de los talleres formaba parte del paisaje
cotidiano.
La calle Tendería nos condujo hacia uno de los lugares más fotogénicos de
Bilbao: los PÓRTICOS DE LA RIBERA. Sus característicos arcos recuerdan
el pasado mercantil de la ciudad y crean una estampa única junto a la ría. Bajo
ellos caminaron comerciantes, marineros y viajeros durante generaciones.
Frente a los soportales se levanta el MERCADO DE LA RIBERA,
considerado uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa. El edificio
actual, construido en estilo art déco durante el siglo XX, destaca por sus
amplios ventanales y sus coloridas vidrieras. Sin embargo, lo mejor sigue
estando en su interior: puestos rebosantes de productos del Cantábrico, quesos,
embutidos, verduras. Fue también el lugar perfecto para hacer una pausa y
rendir homenaje a la gastronomía local. Entre barras repletas de color y sabor,
disfrutamos de unos deliciosos pintxos que hicieron las delicias de nuestro
paladar.
A pocos metros se alza la IGLESIA DE SAN ANTÓN, probablemente el
templo más ligado a la identidad de Bilbao. Tan importante es que aparece
representado junto al puente en el escudo oficial de la ciudad. Su construcción
comenzó en el siglo XV sobre los restos de un antiguo alcázar. Durante siglos
sirvió como punto de reunión, mercado e incluso fortificación defensiva.
En uno de sus laterales encontramos el MONUMENTO A LA MATXINADA DE LA
SAL, que recuerda una de las revueltas populares más importantes de la
historia vizcaína. Un episodio que demuestra que las calles que hoy recorremos
tranquilamente fueron escenario de intensos conflictos sociales.
Desde el cercano PUENTE DE SAN ANTÓN contemplamos cómo la Ría de Bilbao refleja las fachadas de los edificios, como si quisiera guardar para sí una copia perfecta de la ciudad. También
es un momento perfecto para comprender la importancia que la ría ha tenido en
el desarrollo de Bilbao. Gracias a ella la ciudad creció como puerto comercial
y posteriormente como potencia industrial.
| Relieve de un lobo en el puente |
Muy cerca llamó nuestra atención el singular edificio Bilbao Bizkaia,
cuya moderna presencia contrasta con el entorno histórico que lo rodea.
Continuamos por la calle Ronda, pasando junto a la calle de la Cruz, donde se levanta la IGLESIA DE LOS SANTOS JUANES, antiguo templo jesuita cuya fachada barroca constituye una de las más bellas del Casco Viejo. Frente a ella destaca un sencillo crucero que aporta al entorno un inesperado aire rural en pleno corazón urbano.
| Al fondo el Portal de Zamudio |
Nuestro paseo nos llevó hasta la animada PLAZA DE UNAMUNO, uno de
esos rincones donde el Casco Viejo parece concentrar toda su energía.
Allí destacan las CALZADAS
DE MALLONA, levantadas para facilitar a los bilbaínos la subida hasta
la Basílica de Begoña. Con sus más de tres siglos de historia, estos escalones (donde
también vemos el edificio del MUSEO
ARQUEOLÓGICO DE BIZKAIA), forman hoy uno de los recorridos más
emblemáticos entre el Casco Viejo y la parte alta de la ciudad.
Desde aquí seguimos por la calle Sombrerería hasta que la Altxerri Kobaren Kalea nos abrió las puertas de la Plaza Nueva.
La PLAZA NUEVA es una auténtica joya urbana. Sus soportales, su armoniosa arquitectura y su ambiente convierten este espacio en uno de los rincones más bellos de Bilbao. Además, es otro de los lugares imprescindibles para disfrutar de los famosos pintxos vascos.
Al llegar a la esquina de las calles Correo y del Víctor nos sorprendió
un hermoso edificio blasonado que parecía observar desde las alturas el ir y
venir de vecinos y visitantes.
Continuamos por la calle Jardines hasta alcanzar la calle Santa María. Al fondo apareció el Palacio Yohn, conocido también como el EDIFICIO DE LA BOLSA, una elegante construcción cargada de historia. Su presencia recuerda la importancia económica que Bilbao alcanzó gracias al comercio marítimo.
En la cercana calle de la Pelota descubrimos una de las curiosidades más
singulares del Casco Viejo: la ESTRELLA incrustada en el pavimento desde
la que se obtiene la única perspectiva que permite contemplar la Basílica de
Begoña en las calles del barrio histórico. Un pequeño secreto urbano que muchos
visitantes pasan por alto.
En este mismo lugar descubrimos también la popular HUCHA DE LOSTXIKITEROS y el emblemático restaurante Peña Athletic del Casco Viejo,
auténtico santuario para los aficionados rojiblancos.
Avanzamos por la calle de la Torre para contemplar desde otra perspectiva el Palacio Yohn y admirar el escudo que luce en un lateral.
Estas calles esconden además nombres tan curiosos como el Cantón Julián
Echevarría "Camarón" o Barrenkale, una de las legendarias siete calles medievales que dieron origen al Bilbao actual.
Volvimos a acercarnos a la Ribera para disfrutar nuevamente de sus
característicos soportales antes de regresar al entramado medieval por Artekale.
Allí encontramos la HORNACINA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, discreta pero cargada de simbolismo.
Un poco más adelante nos llamó la atención el histórico letrero de Ultramarinos Finos Gregorio Martín, especializado en bacalao, todo un homenaje a la tradición comercial bilbaína.
En los alrededores de la calle Correo abundan además los edificios blasonados, testigos silenciosos de tiempos pasados.
Muy cerca de esta encontramos otro rincón cargado de historia. Una placa recuerda que Simón Bolívar residió en un noble edificio del Casco Viejo, conservando así el vínculo entre Bilbao y una de las figuras más importantes de la historia de América.
Seguimos por la calle Viuda de Epalza, descubriendo pequeños rincones llenos de encanto. Desde allí volvimos a asomarnos a la Ría, donde destaca el PUENTE LEVADIZO DEL AYUNTAMIENTO tendiendo sus brazos sobre ella.
Aquel día, el mercadillo del Paseo del Arenal lucía especialmente
hermoso, con numerosos puestos rebosantes de flores que llenaban de color la
jornada.
Desde allí alcanzamos el AYUNTAMIENTO DE BILBAO. Su monumental edificio, inaugurado a finales del siglo XIX, refleja la riqueza generada durante la industrialización. Las enormes esculturas de su fachada parecen custodiar la entrada a la ciudad moderna.
| La justicia |
| La ley |
Aunque el sol permanecía oculto tras las nubes, el paseo junto a la ría nos
regaló algunas de las imágenes más bellas del día. El blanco PUENTE ZUBIZURI,
diseñado por Santiago Calatrava, aporta un toque futurista al entorno, mientras
varias canoas deslizaban silenciosamente sobre las aguas,
componiendo una escena llena de movimiento y armonía.
Y entonces llegó uno de los momentos más esperados de nuestra visita. Frente
a nosotros, el MUSEO GUGGENHEIM surge como una gigantesca escultura de
titanio junto a la ría. Diseñado por Frank Gehry, revolucionó la imagen
internacional de la ciudad desde su inauguración en 1997.
Pocas fotografías pueden preparar al viajero para el impacto visual que
produce contemplar este edificio en persona. Sus formas curvas, sus
revestimientos metálicos y el juego constante de luces y reflejos convierten la
arquitectura en una auténtica obra de arte.
A su alrededor encontramos algunas de las obras de arte más fotografiadas
de Bilbao. La gigantesca araña Maman impresiona por su
tamaño y simbolismo. Puppy, cubierto por miles de flores vivas, aporta color y
simpatía a la entrada del museo. Tall Tree and the Eye juega con los reflejos y
las perspectivas, mientras que otras esculturas convierten el entorno en una
auténtica galería al aire libre.
Cada paso alrededor del museo nos revelaba una nueva perspectiva, una nueva curva, un nuevo reflejo. Parecía imposible dejar de fotografiarlo. Y si aún quedaba alguna duda sobre su espectacularidad, bastaba con contemplarlo desde el PUENTE DE LA SALVE, donde el conjunto alcanza una dimensión verdaderamente extraordinaria.
Nuestros últimos pasos por Bilbao nos llevaron a descubrir el centro neurálgico del ensanche bilbaíno. Allí destaca el PALACIO CHÁVARRI, una de las obras más singulares de la arquitectura ecléctica española, inspirado en el estilo del renacimiento flamenco y construido para una de las familias más influyentes de la burguesía industrial.
Muy cerca se encuentra el PALACIO DE LA DIPUTACIÓN FORAL DE BIZKAIA,
uno de los edificios institucionales más importantes del territorio. Su
elegante fachada y sus cuidados detalles ornamentales simbolizan el poder y la
prosperidad alcanzados por Bizkaia durante los siglos XIX y XX.
Así terminó nuestro recorrido por Bilbao, una ciudad que nos regaló
arquitectura, gastronomía, historia y arte. Pero, sobre todo, nos dejó la
sensación de haber paseado por una ciudad que, como el reflejo de sus edificios
sobre el río, permanece mucho tiempo en la memoria después de haber partido.
| Estatua de Mercurio, edificio BBVA |
| Estatua de Minerva en el instituto Miguel de Unamuno. |
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